Garage Viera y Novedades Nides Mallauto Sport

Taller de:

Con más de 50 años de experiencia, hemos estado a su servicio como taller de reparaciones en la comarca de Babia, desde la década de 1950 hasta el año 2025

Historia

¡Lo intentaré de forma breve!

Antonio y Nides sobre 1962

El 18 de diciembre de 2025 se me ocurre la idea de compartir, a través de estos medios, la historia de Garage Viera y Novedades Nides, un taller de reparación general de automóviles y una tienda de artículos de regalo ubicados en Piedrafita de Babia, en la provincia de León.

Para comenzar, permítanme presentarme. Soy César Mallo, sobrino de Antonio Viera y Leonides Mallo, quienes fueron para mí más que unos padres. Desde que nací, estuve a su lado como si fuera su propio hijo.

Mis tíos, que en paz descansen, Antonio nació el 6 de febrero de 1926 en Rioscuro de Laciana, en la provincia de León, y falleció el 9 de febrero de 2014 a los 88 años recién cumplidos. Nides nació el 11 de mayo de 1930 en Las Murias de Babia, también en la provincia de León, y falleció el 22 de julio de 2023 a la edad de 93 años. Sus restos descansan en Piedrafita de Babia.

En la década de 1950, inauguraron un taller de motos y bicicletas en el bajo de la casa de Justa, vecina de Pedro, el de la báscula.

El periodo, aún profundamente influenciado por las repercusiones de la posguerra española tras la Guerra Civil, estuvo marcado por una severa crisis económica, una alarmante escasez alimentaria, la represión política y un exilio masivo de ciudadanos. Este contexto definió gran parte de la vida cotidiana en aquella época, caracterizada por la lucha constante ante las adversidades.

Década de 1950, su primer taller de motos y bicicletas

Entre las herramientas empleadas en su oficio, destacaban un taladro manual accionado por manivela y un centrador de llantas de bicicleta construido de manera artesanal. Dichas herramientas, símbolo de ingenio y tenacidad frente a las limitaciones materiales, han sido preservadas hasta el día de hoy como valiosos recuerdos.

En su negocio, se dedicaba a la venta de bicicletas Orbea, motocicletas Montesa—su preferida—, además de marcas como MV, Iresa (de las que mantenía una opinión desfavorable), Lambretta, Vespa y otros vehículos. Su labor era apoyada en todo momento por su mujer, Nides, quien colaboraba en la gestión del taller. Juntos complementaban esta actividad con la comercialización de aparatos de radio, artículos de pesca y caza, artículos de regalo, juguetes, bolígrafos y diversos accesorios que, debido a la limitada oferta de comercios durante aquel periodo, se convertían en productos muy demandados por la población.

Tras varios años de trabajo, en 1963 mi abuelo Aureliano Mallo, contratista de obras y carpintero, finalizó la construcción de su vivienda. En la planta baja, distribuyó el espacio en dos áreas: una destinada al Garage Viera y la otra al establecimiento comercial denominado Novedades Nides, administrado por mi tía.

El taller lleno de motos para reparar

El espacio de Garage Viera estaba organizado en dos áreas bien definidas: una destinada al escaparate, enfocada en la exhibición de motocicletas, bicicletas y el almacenamiento de repuestos, y otra sección dedicada exclusivamente a las labores de reparación.

En el área destinada a reparaciones se localizaban tanto el sistema de calefacción de la vivienda como un lavabo. Cabe señalar que, en aquella época, no se contaba con un servicio sanitario destinado al uso público.

En el área de reparación contaba con un extenso banco de madera. En esos tiempos, las herramientas se organizaban en unos soportes de madera e incluían llaves fijas y de estrella, tanto planas como acodadas, en medidas que iban del 6 al 32. También disponía de llaves de tubo en diferentes tamaños. Además, tenía una variedad de destornilladores planos y de estrella en distintos tamaños, junto con un surtido amplio de martillos. No olvidemos alicates y tenazas de todo tipo. Contaba con herramientas especializadas, como utillajes específicos para extraer el piñón de una bicicleta y diversos tipos de extractores indispensables para las labores diarias. También era necesario contar con un equipo de terrajas para realizar roscas, ya sea macho o hembra. Para el montaje de las cadenas de motos y bicicletas, contaba con un práctico extractor de bulones de cadena.

Con mi tío con su Renault Gordini

Voy a incluir lo siguiente en el grupo de maquinaria: un compresor de un cilindro con un calderín grande, ubicado justo debajo del hueco de la escalera de la casa. En la parte superior de la entrada de dicho hueco, había un cuadro destinado a comprobar varios elementos electrónicos de una moto, como bobinas, bujías, lámparas, entre otros. A la derecha, se encontraba una vulcanizadora (en una ocasión me comento mi tío que era la máquina que mas dinero le había dado en el taller) utilizada para reparar pinchazos, seguida por un esmeril y, posteriormente, un taladro con su soporte correspondiente. El cargador de baterías, que solía averiarse al menos una vez al año, no tenía un lugar fijo asignado, pero siempre estaba presente junto con el densímetro y el medidor de grados de anticongelante. Tenía un curioso voltimetro de 6v. Para facilitar el trabajo de reparación de motocicletas, disponía de un elevador hidráulico que permitía subirlas a una altura adecuada para trabajar cómodamente.

Asimismo, disponía de un equipo de autógena utilizado para soldar y cortar hierro, que operaba con carburo y una botella de oxígeno. Más adelante, el carburo fue reemplazado por acetileno.

El número de teléfono era el 1, ya que correspondía al primer teléfono instalado en el pueblo. En esa época, los teléfonos operaban mediante una centralita con operadora, y los números no empezaron a ser más extensos hasta la llegada de las líneas automáticas. Además, fueron pioneros en la televisión, ya que las primeras televisiones del pueblo fueron la del bar Chicote y la suya.

Nací en 1964 y, desde que tengo uso de razón, mi tío tenía la mencionada herramienta y se dedicaba a la reparación de bicicletas y motos. Con el tiempo, comenzó a adentrarse en el mundo del automóvil, como se aprecia en la foto siguiente. A partir de ese momento, fui testigo de cerca de la evolución de Garage Viera y Novedades Nides hasta el día de su cierre.

Década de 1950, su primer taller de motos y bicicletas

Mi tía tenía una tienda llamada Novedades Nides donde podías encontrar de todo lo que se te ocurriera: ropa, calzado, chicles, linternas, pilas, joyería, relojes, bisutería, postales, mecheros, servicio de carga de mecheros, máquinas de afeitar, artículos de regalo y más. También vendió libros escolares de Everest, utilizados en aquel entonces en la escuela, durante varios años. Cuando era niño, especialmente en la época navideña y con la llegada de los Reyes Magos, vivía de cerca el ajetreo de la tienda con la venta de juguetes de todo tipo. Disfrutaba viendo esos juguetes tan cerca y sabiendo que alguno seguramente llegaría a mis manos como regalo. Algo que siempre recuerdo es que, a la hora de la comida, solía llegar algún cliente a comprar porque mi tía los tenía mal acostumbrados.

Con el objetivo de aumentar el volumen de negocio acorde con la demanda de aquellos años, en 1966 mi tío adquirió una máquina de soldadura eléctrica trifásica de 220V. Gracias a esta herramienta, logró atender encargos relacionados con maquinaria proveniente de las cercanas minas de carbón.

Es importante considerar que en sus inicios trabajaba con motos y bicicletas, ya que eran los vehículos comunes de esa época. Sin embargo, con el aumento del nivel de vida, más familias comenzaron a adquirir automóviles, lo que lo llevó a adaptarse y ampliar su enfoque hacia los coches. Al principio, combinaba reparaciones de bicicletas, motos, maquinaría agricola y automóviles. En la década de 1980 ya solo se reparaban coches.

De niño con mi tío en el taller

Por otro lado necesitaba realizar las reparaciones de los coches al aire libre, y la cochera ubicada en la parte trasera de la casa, que contaba con un foso, resultaba de gran utilidad. Los inviernos eran especialmente complicados debido a las fuertes nevadas, lo que hacía muy difícil trabajar en esas condiciones. Buscando una solución en la década de 1970, recurrió a su amigo y constructor Julio Macías, quien instaló en una de las ventanas traseras de la casa un portón pre-leva. Gracias a esta mejora, al menos podía ingresar un coche dentro para llevar a cabo las reparaciones de manera más cómoda.

A lo largo de los años y con el paso del tiempo, adquirió un compresor más potente de dos cilindros, una mesa para limpiar piezas, una prensa de 30 toneladas, gato, diferencial para sacar motores sustituida posteriormente por una grua, máquina para despegar los neumáticos de los coches. Le hizo mucha ilusión estrenar su primer juego de autocle. Para la parte electrica un voltimetro con amperimetro, un comprobador de baterías y una pistola estroboscópica para la puesta a punto del encendido. Además, tuvo que hacerse con varias herramientas necesarias para reparar los coches.

Entre las nuevas herramientas que recuerdo, se encontraban instrumentos específicos para el ajuste de los balancines de una gran variedad de coches, así como útiles y micrómetros diseñados para regular las válvulas de los modelos Seat 1600 y 1800 con doble árbol de levas. Estas utilizaban un sistema de platillos situados bajo los árboles de levas, los cuales debían ser reemplazados por otros de la medida precisa para lograr un ajuste adecuado. Además, se incluye utillaje específico para reemplazar la correa de distribución de los modelos señalados, así como una llave dinamométrica para ajustar el apriete de las culatas en caso de reparaciones internas. En aquella época, era común realizar un rectificado de motor a vehículos con 80,000 o 100,000 km, ya que los materiales empleados eran significativamente de menor calidad en comparación con los actuales.

Cuando se desmontaba por completo un motor y se necesitaba verificar el desgaste interno del bloque o de las camisas, era indispensable contar con un comparador micrométrico. Otro instrumento muy empleado para realizar pruebas en los motores, antes de proceder a su desmontaje por alguna avería, era el compresímetro. Si el motor tenía un buen reglaje de balancines pero presentaba pérdida de compresión en algún cilindro, esto indicaba la necesidad de realizar una reparación en los cilindros. Para confirmar el diagnóstico, se le añadía aceite al cilindro con baja compresión. Si al hacerlo la compresión mejoraba, era indicativo de un problema de desgaste interno, generalmente relacionado con segmentos gastados o rotos. En cambio, si la compresión no se recuperaba tras añadir aceite, lo más probable era un fallo en el cierre de válvulas. Fuera cual fuese el caso, sabíamos cuándo era necesario proceder con el desmontaje.

Al desmontar las válvulas y reemplazarlas por unas nuevas, se realiza un esmerilado de válvulas para garantizar su hermeticidad cuando están cerradas y el motor se encuentra en el ciclo de compresión. Recuerdo que este trabajo solía hacerse manualmente con unas ventosas, pero mi tío ya contaba con una esmeriladora eléctrica Bosch.

Cuando necesitaba meterse debajo de un coche, utilizaba una camilla con ruedas que le facilitaba moverse con comodidad. Para desmontar las rótulas de suspensión y dirección, empleaba un mini martillo neumático con el utillaje adecuado.

Otra de sus herramientas favoritas era la pistola neumática de atornillado. Permitía avanzar considerablemente en las tareas de desmontaje y montaje, lo que suponía un importante ahorro de tiempo durante una reparación. Estoy seguro de que algo se me estará escapando, pero también había adquirido una engrasadora neumática y otra máquina para rellenar de valvulina las cajas de cambio y los grupos.

En 1973, Silverio, mi abuelo materno le regaló dos radiales Fein y un cargador de baterías alemán, el cual ha funcionado perfectamente hasta el día de hoy.

Estaba suscrito a la Guía de Tasaciones, lo que le proporcionaba manuales de piezas y reparaciones de las principales marcas. Recuerdo que tenía un archivador en la oficina, junto con una máquina de escribir y una calculadora Olivetti que realizaba las operaciones mediante una manivela. Tan pronto como salieron las calculadoras eléctricas, no dudó en comprar una.

Gelo Niño y mis tíos

También he de contar que tenía un amplio surtido de recambios de las diferentes marcas y que hace poco, a partir de Abril de 2025, he ordenado y clasificado. Entre el recambio se encontraban pastillas para el reglaje de balancines de los motores 1600, 1800 y 2000 de Seat, equipos de motor, carburadores, valvulas de culata, faros, pilotos, alternadores, piezas para dinamos, etc.

Me enseñó a conducir coches y motos a los 7 años. Cada vez que se vendía una moto de 49cc, yo era quien la probaba antes de entregarla, aunque apenas alcanzaba el suelo con un pie y con dificultad. La primera moto que conduje fue una Montesa Scorpion 50, con tres velocidades y el cambio en la derecha. Por aquel entonces también se comercializaban modelos de la marca Gilera y numerosos Vespinos.

En 1971, mi tío reemplazó su Renault Gordini por un reluciente Seat 1500 con matrícula LE-55007 (Precio: 175.000pts). Cada vez que era necesario guardar el coche en el garaje o realizar maniobras pequeñas en el patio de la casa, me lo encargaban a mí, aunque apenas alcanzaba los pedales. Poco a poco fui aprendiendo a conducir, cambiar de marchas y hacer cosas que estaban fuera del alcance de mis amigos de la infancia.

Construcción del nuevo taller a finales de la década de 1970

Hacia finales de la década de 1970 se cumple uno de sus grandes sueños adquiriendo un terreno contiguo a su casa. En 1980 ya había levantado una nave de 450 metros cuadrados que albergaba la representación de Agente Oficial Citroën.

Al momento de elegir una marca para representar, teníamos dos opciones: Talbot o Citroën-Peugeot. Optamos por la última, ya que abarcaba dos marcas. Más adelante Peugeot comenzó a comercializarse a través de Peugeot-Talbot.

Sin embargo, no todo resultaba tan sencillo, ya que cualquier marca imponía una serie de requisitos. Entre estos, se encontraba la obligación de contar con instalaciones adecuadas, incluyendo un espacio destinado a la exposición de vehículos y una zona de recambios. Él disponía de una de las mejores instalaciones dentro de la Red Citroën en León. Por otro lado, mi tío, que había nacido en 1926, tenía 54 años y no tenía hijos. La marca le exigía contar con un sucesor, pero yo estaba ahí, lo que solucionó ese inconveniente.

Todo el equipamiento que teníamos en el taller bajo la casa fue trasladado al nuevo taller y se organizó de manera adecuada. Antes de que concluyera la construcción de la nave, mi tío ya había adquirido un elevador de dos columnas de la marca Cascos, además de una L de carrocero que se combinaba con un juego de gatos de chapista para realizar estiramientos en caso de posibles siniestros en coches. También se incluyó un completo set de tases y martillos para la reparación de chapa, junto con una impecable pistola de pintura. A lo largo de los años se adquirieron más pistolas de pintar, entre ellas la Aerometal Imper 9 con boquilla regulable, que considero la menos eficiente; la Sagola, que resultó ser buena y con un precio razonable; y, desde 1993, todos los equipos de aerografía han sido de la marca Devilbiss, la mejor experiencia que he tenido hasta ahora.

La primera foto del taller terminado se hizo en 1982

Para combatir el frío del invierno, un cañón de gasóleo de la marca Kongskilde resulta ideal. En cuanto al frío, los dos primeros años fueron realmente insoportables, y en verano ocurría lo mismo con el intenso calor. La única solución al problema era aislar el techo del taller. Por ello, viajamos a León para contratar a un instalador de aislamiento. Después, nos dirigimos a un proveedor para adquirir una nueva calefacción que funcionaba con aceite usado de la marca Thermobile, junto con su correspondiente chimenea. Cada dos años nos veíamos obligados a reemplazar la chimenea, ya que el aceite iba deteriorando todo a su paso. Finalmente, encargamos una tercera y última chimenea, esta vez de acero inoxidable. Con ello, logramos resolver por completo el problema del frío, así como el del calor en verano.

Había muchas herramientas en el local de casa, pero al trasladarlas al nuevo taller, que era mucho más grande, parecían casi insignificantes.

Después de firmar el contrato con Citroën-Peugeot, mi tío como dueño y yo como sucesor, nos enviaron todo tipo de herramientas y utillaje para la reparación de vehículos de la marca, manuales de reparación, notas técnicas, una gran cantidad de repuestos y un lector de microfichas que utilizábamos para buscar las piezas correspondientes. Tuvimos que afrontar el pago de todo lo recibido en ese momento. Para organizar el extenso equipamiento recibido, fue indispensable adquirir nuevos paneles y cuatro estanterías proporcionadas por la marca para almacenar los repuestos. Por otro lado, debíamos instalar los carteles de la marca Citroën tanto en la parte frontal como en la trasera de la nave. Además, para no dejar pasar ningún detalle, también se tenía que comprar y colocar el mobiliario de oficina necesario para atender a los clientes y organizar los manuales de la marca. Los gastos seguían acumulándose en el peor momento, pero ya estábamos preparados para comenzar nuestra labor como representantes de Citroën.

Remolque con coches para Garage Viera

Los modelos disponibles de Citroën eran: 2CV, Dyane 6 turismo y furgoneta, Mehari, GSA, CX y Peugeot 505.

Aunque en ese entonces me encontraba estudiando, dedicaba los viernes, al salir del instituto, y los sábados a ayudar a mi tío en el taller, además de colaborar durante los periodos de vacaciones. A los 17 años dejé los estudios y me integré al equipo familiar del taller, donde trabajé hasta su cierre por una incapacidad a principios de 2025 a los 60 años de edad.

Los agentes oficiales nos abastecíamos de coches nuevos y recambios a través de un concesionario. Al principio, trabajábamos con Lassalle Hermanos, situado en Padre Isla, León. En 1982, Opel inauguró su planta de producción en Zaragoza, comenzando la fabricación del icónico Opel Corsa. La estrategia de Opel era arrebatar concesionarios a otras marcas y posicionarse rápidamente con concesionarios de prestigio, un plan que se materializó con Lassalle Hermanos, quienes dejaron Citroën para asociarse con Opel. En ese momento, nosotros decidimos mantenernos con Citroën tras haber realizado ya una inversión significativa en la marca y descartamos el cambio. Como consecuencia, León quedó sin concesionario oficial de Citroën durante aproximadamente un año. Para compensar, la marca abrió varias agencias en la ciudad, como Talleres Morán o Talleres Verdejo. Mientras tanto, comenzamos a abastecernos de piezas desde la concesión de Oviedo, y los vehículos nos llegaban a través de camiones de transporte. Posteriormente, nuestra concesión pasó a ser Serauto, ubicada en Valdelafuente, León. Años después, y por razones que desconozco, Serauto cesó su actividad como concesionario Citroën, siendo Agrilesa quien asumió ese rol. Guardo excelentes recuerdos de los tres concesionarios con las que trabajamos durante ese tiempo.

Citroën Visa II Super X

Tengo muy presentes las ocasiones (sábados y domingos) en las que mi tío salía a vender coches con el entusiasmo propio de un cazador en plena búsqueda de su presa. Lo cierto es que ese esfuerzo dio frutos: cerró su primer año como agente con un total de 36 coches matriculados.

Algo fundamental al representar una marca es contar con una buena formación técnica. Por ello, mi tío asistió durante el primer año a varios cursos de Citroën en la fábrica de Vigo.

En 1981, Citroën lanzó al mercado el Visa II, y fue necesario asistir a cursos específicos sobre este nuevo modelo. Por aquel entonces, yo estaba en mi último año de instituto, pero acompañé a mi tío a la fábrica de Vigo y participé en mi primer curso de Citroën. Durante el programa, nos explicaron el funcionamiento del encendido electrónico integral del Citroën Visa II bicilíndrico y cómo diagnosticar posibles averías. También desarmamos y volvimos a ensamblar un motor completo junto con la caja de cambios de un Visa II de cuatro cilindros. Aprovechamos la ocasión para realizar un recorrido completo por la fábrica. Son recuerdos que permanecen imborrables.

Mi tío, que había adquirido el Seat 1500 con mucho esfuerzo, ahora se veía en la necesidad de venderlo tras 11 años de uso y 107.000 km recorridos. Lo había cuidado tanto que tenía los precintos de plástico aún en el tapizado de las puertas. Conservo recuerdos imborrables de aquel 1500. Como era de esperar, el motivo de la venta radicaba en que, al representar a Citroën, era imprescindible contar con un coche de la marca. Una vez vendido el 1500, la decisión ya estaba tomada: compraríamos un Visa II. Después de deliberar en familia y atendiendo a mi sugerencia, optamos por el modelo más caro y mejor equipado, el Super X, que tenía un precio de 712.000 pesetas. El día que lo estrenó, mi tío fue a buscarme al instituto de Villablino con él.

Una vez que entré a trabajar al taller, mi primera ocupación fue controlar y ordenar los manuales y sus hojas técnicas. Regularmente, Citroën nos enviaba las hojas técnicas de nuevos modelos, modificaciones de algún modelo o posibles problemas de coches que teniamos que solucionar en garantía. También a veces teniamos que reemplazar la información existente por otra nueva. También gestiona la compañía de Seguros La Patria Hispana. Vendíamos el coche, lo asegurábamos, y así, en caso de un siniestro, teníamos la garantía de que nuestro cliente nos traería el vehículo para repararlo.

Cuando vendíamos un coche nuevo, solía tomar el autobús hacia León y me dirigía a la concesión para recoger el vehículo, ya fuera con placas de transporte (azules, destinadas únicamente al conductor para transportar el coche) o de pruebas (rojas, para probar el coche con pasajeros). Además, mi tío siempre me dejaba preparada una extensa lista de encargos que debía realizar con sus proveedores habituales.

Desde el primer día, me encargaba también de la instalación de dispositivos eléctricos como radio-casetes, alarmas, faros antiniebla y otros accesorios relacionados. Otra de las tareas que me encomendaron desde el inicio fue el reemplazo de las correas de distribución de los motores. Mi tío me enseñó a cambiar platinos, bujías y a realizar el ajuste del encendido correctamente. Al mismo tiempo, desmontaba los carburadores, los limpiaba y los volvía a armar delante de mí para que pudiera aprender el proceso. Después de varios años ayudándole durante las vacaciones, ya había aprendido a realizar muchas tareas, como purgar los frenos de un coche o esmerilar las válvulas de la culata. Además, comprendía perfectamente el funcionamiento de un motor y sus ciclos de combustión.

Curso de electricidad en el Concesionario de Ponferrada, Talleres Seoane

En 1982, asistí a un curso en el recien abierto Concesionario de Ponferrada, Talleres Seoane. El tema fundamental era la puesta a punto de un vehículo en cuanto nos referimos al encendido, hacer un reglaje de balancines y un servicio completo a un carburador. Desde entonces, todo lo relacionado con carburadores, platinos, bujías, ajustes y afinaciones quedó bajo mi responsabilidad. En tan solo una semana, mi tío había adquirido una máquina de diagnóstico CV1010LS, capaz de analizar vehículos de hasta ocho cilindros y equipada con un osciloscopio, lo cual era un verdadero lujo en aquella época.

Mi tío que solo había hecho pequeñas chapuzas en carrocería (como la reparación de un pequeño bollo en una aleta y su pintado o pintar el depósito de una moto) y odiaba lijar, siempre me decía: ¡Si yo tuviera un chapista que fuese pintor! Y en aquellos tiempos un buen pintor sabía pintar metalizados.

Un día, estábamos trabajando en un Dyane 6 de un cliente de San Félix. El coche había llegado al taller para reparar algunos pequeños daños en las aletas. Mi tío ya había aplicado masilla en las zonas afectadas, y me dijo: "César, tienes que lijar estas piezas". En ese entonces no contábamos con una lijadora, así que todo el trabajo se hacía a mano. Pasé todo el día lijando ese coche. Cuando terminé con el lijado y el coche estuvo debidamente enmascarado, mi tío se dispuso a pintar las piezas. Sin embargo, yo quería hacerlo, pero no me lo permitió. Entonces le dije: "Tío, si yo lijo, yo pinto; y si tú lijas, tú pintas". Dicho y hecho, mi tío nunca volvió a pintar ni a lijar. Desde ese momento, asumí por completo la responsabilidad de todo lo relacionado con la chapa y pintura del taller. A los 23 años ya contaba con una cabina horno para pintar y una máquina mezcladora de pintura de la marca Valentine. En 1994 esta sería sustituida por una de la marca SIKKENS. El trabajo de carrocería comenzaba a crecer rápidamente, y los desafíos eran cada vez mayores. Un año después de tomar las riendas de esta área, ya disponíamos de una de las mejores bancadas para reparación de carrocerías mediante medición, de la marca CAR-O-LINER. En 1988 tuve la oportunidad de asistir a un curso de colorimetría con Valentine en Barcelona, y más tarde, en 1994, participé en otro curso con SIKKENS también en la misma ciudad. Al final, mi tío había logrado tener en el taller un chapista que además dominaba el arte de la pintura, incluyendo los metalizados y la precisión en la mezcla y ajuste de colores.

En 1994 participé en un curso de reparación de carrocerías en bancada, llevado a cabo en los talleres de Citroën ubicados en Pinto, donde se encargan de arreglar los dsiniestros procedentes de clientes de los concesionarios de Madrid. Durante una semana, trabajé junto a compañeros reparando una carrocería descartada, empleando bancadas CAR-O-LINER y CELETTE.

A comienzos de la década de 1990, mis tíos realizaron una renovación completa de su casa, y mi tía se jubiló, cerrando la tienda Novedades Nides. En ese lugar se acondicionó una sala exclusivamente para mí, donde solía pasar mi tiempo libre frente al ordenador. Por otro lado, el espacio que anteriormente ocupaba el taller de mi tío en la casa fue destinado a un salón comedor. Además, se construyó un pasillo en el que se habilitó un baño y una sala de calderas, con salida a la calle para facilitar el acceso a la nave.

El 14 de Marzo de 2005 rompimos la relación con Citroën, quitamos los carteles y todo lo que nos relacionaba con la marca, y dejamos de ser una Agencia Oficial. Mi tío con 79 años, dejo todas las actividades del taller a mi cargo y fue cuando el nombre comercial se convirtío en Mallauto Sport quedando todo a mi cargo.

Este relato me está resultando muy emotivo, con un nudo en la garganta y lágrimas que brotan cada poco. Es una decisión que he tomado y que voy a llevar hasta el final en honor a mis tíos.

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Nota:

En 1970 asistí a la escuela en Piedrafita durante cuatro años con el maestro don José Escudero y, como era lógico, vivía de forma permanente con mis tíos. Mis progenitores habitaban en Tarancón, en la provincia de Cuenca. Al concluir el cuarto curso de Educación General Básica, proseguí mi formación académica en el colegio Melchor Cano de la misma localidad. Durante ese periodo, disfruté los periodos vacacionales íntegramente con mis tíos en Piedrafita, hasta completar el octavo curso. Posteriormente, con 13 años, tomé la decisión de trasladarme de manera definitiva a Piedrafita para residir con mis tíos.